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Empieza a cambiar tus hábitos alimentarios

Empieza a cambiar tus hábitos alimentarios. El momento perfecto no existe, sólo tienes el ahora.

¿Cuántas veces te has dicho que debes comenzar a comer mejor? Cuando te pones en marcha, ¿restringes grupos de alimentos? ¿Te sientes bien, o por el contrario tu relación con la comida empeora?

Es conveniente contactar con un Dietista-Nutricionista, profesional de la salud que se encarga de realizar una educación alimentaria y nutricional, y que, puede guiarte en un cambio como este para no poner en peligro tu salud.

La educación alimentaria y nutricional se define como:

“Aquellas estrategias educativas diseñadas para facilitar la adopción voluntaria de conductas alimentarias y otros comportamientos relacionados con la alimentación y la nutrición propicios para la salud y el bienestar. Estas estrategias están enfocadas en el desarrollo de habilidades de los sujetos para tomar decisiones adecuadas en cuanto a su alimentación y en la promoción de un ambiente alimentario propicio.”

Estas estrategias, se llevan a cabo en las sesiones de nutrición y dietética. También trabajamos el cambio de hábitos, imprescindibles para llevar a cabo un cambio permanente en nuestras conductas alimentarias.

El acto de comer tiene un componente emocional. Para muchas personas, cambiar los hábitos alimentarios es muy difícil, pero se puede trabajar, tomar conciencia y conseguirlo.

Los hábitos son conductas que se repiten sin darnos cuenta, de forma automática. Entre ellos, algunos serán saludables y otros no, por tanto, tendremos que averiguar cuáles son, para modificarlos y cambiarlos por otros más saludables.

¿Cómo lo llevamos a cabo?

  1. Anota lo que comes y bebes:

Un diario de los alimentos es una buena manera de ayudarte a conocer tus hábitos. Hazlo durante una semana (también el fin de semana).

  • Apunta lo que comes,  en qué cantidad y a qué horas del día lo consumiste.
  • Incluye anotaciones de cómo te sentías (ansioso, estresado, aburrido, cansado…). Por ejemplo, quizá estabas en casa por la tarde, aburrido, así que abriste el armario y tomaste unas galletas.
  • Al final de la semana, revisa el diario y examina tus patrones de alimentación. ¿Cuáles convendría cambiar?

Recuerda, los pasos pequeños hacia el cambio llevan al éxito. Intenta no agobiarte con demasiadas metas a cumplir a corto plazo.

Céntrate en los hábitos saludables que tengas, los nuevos hábitos adoptados y siéntete orgulloso de éstos. Trata de no juzgar tus comportamientos con mucha severidad. Si en alguna ocasión vuelve a aparecer una conducta que no nos gustaría haber realizado, volvemos a nuestra rutina, sin tirar la toalla.

Algún ejemplo de cambio de hábitos podría ser:

  • Beber más agua a lo largo del día.
  • Aumentar el consumo de verduras.
  • Organizar las comidas semanales para poder tener más posibilidades de éxito.
  • Mejorar las elecciones a la hora de hacer la compra (no comprar alimentos malsanos).
  • Diferenciar entre hambre real y hambre emocional.
  1. Reflexionemos:

Piensa en qué desencadenante pueden estar causando algunos de tus hábitos alimentarios.

  • ¿Hay algo en tu entorno que te lleva a comer sin hambre real o a comer algún producto no saludable?
  • ¿Tus sentimientos o emociones te llevan a comer?

Échale un vistazo a tu diario e investiga si ha habido algún desencadenante repetitivo o regular. Algunos podrían ser:

  • En máquinas expendedoras: algún producto sabroso/palatable (dulce o salado/frito).
  • Cuando ves la tele.
  • Con el estrés por el trabajo u otro problema.
  • Llegas cansado tras un día de trabajo y no has planificado la cena.
  • Necesitas algo que te levante el ánimo al final del día.

¿Qué puedo hacer para evitar esos desencadenantes?

  • Lleva al trabajo, o contigo, algún alimento saludable si sabes que tendrás hambre a lo largo de la mañana o de la tarde.
  • Decide, temprano, lo que vas a cenar, de manera que tenga un plan para después del trabajo.
  • Excluye los productos malsanos de tu frigorífico y despensa. Si no hay en casa, será más fácil tener éxito y no sucumbir en según qué situaciones.
  • Cambia los refrescos por agua, ten a mano una botella, y bebe a lo largo del día.
  1. Reemplaza los viejos hábitos por hábitos nuevos y saludables:

Busca opciones saludables para almuerzos y meriendas,  planeadas con antelación.

Controla el tamaño de las porciones. No es cuestión de comer poco, si no de comer lo necesario.

Come lentamente, de forma consciente y disfrutando de los alimentos.

Planea tus comidas:

  • Planea con antelación lo que vas a comer y cenar para que evitar comprar alimentos malsanos (compra por impulso).
  • Prepara algunos componentes de la cena por adelantado (como trocear verduras). Esto te va a permitir preparar una comida saludable más rápidamente al final del día.

Evita los productos malsanos. Así tomaremos comida real y nutritiva.

  1. ¡A ponerlo en práctica!

Puede pasar un tiempo antes de cambiar por completo algún hábito muy instaurado en tu día a día.

Recuerda que un cambio de hábitos necesita tiempo, ya que es algo que tenías mecanizado y hacías sin pensarlo.

Hay que hacerlo concienzudamente al principio, pero una vez establecido ese nuevo buen hábito será difícil de cambiar, ya que te hará sentir estupendamente.

Si en algún momento se vuelve a caer en algún mal hábito, piensa en por qué reincidiste. Lo volveremos a intentar de nuevo, no pasa nada.

Un desliz no significa que sea un fracaso. ¡Sigue intentándolo!

Contar con la ayuda de un Dietista-Nutricionista, colegiado, que te guíe y oriente en este camino, es una apuesta de valor, ya que, ponerse “a dieta” de forma autónoma, puede ser un riesgo para la salud, puede generar deficiencias nutricionales y problemas que no se tengan en cuenta.

Pide consulta ¡YA!

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Lorena Pascual Blasco

Dietista-Nutricionista de Centro Micos.

Col. CV-00653